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Códigos de producto: cómo ordenar la identificación en un mercado lleno de estándares

Identificar correctamente un producto parece una tarea simple, pero en la práctica implica convivir con múltiples sistemas, normas y necesidades operativas. Desde el SKU interno hasta estándares globales como GTIN, EAN o ISBN, la codificación de productos exige reglas claras para evitar errores, sostener el crecimiento y facilitar la integración entre PIM, ecommerce, logística y punto de venta.

La complejidad de identificar un producto en un mundo de múltiples códigos

La diversidad de códigos de producto puede sentirse como una nueva Torre de Babel. Así como existen muchas lenguas, también conviven numerosos sistemas para identificar artículos, variantes, piezas, embalajes y publicaciones. Esa multiplicidad vuelve difícil comprender qué código usar, para qué sirve cada uno y cómo integrarlos dentro de una operación comercial o tecnológica.

En proyectos de implementación de soluciones PIM, esta complejidad aparece muy pronto. Cada producto necesita un identificador único que permita distinguirlo no solo de otros productos, sino también de sus propias variantes. Una remera roja no es la misma que una azul, aunque compartan marca, modelo y talle. Del mismo modo, una misma prenda cambia como unidad de inventario cuando se modifica el talle, el color o la presentación comercial. Por eso, cada artículo debe contar con una referencia unívoca.

Por qué el SKU es la base de la identificación interna

Para resolver esa necesidad, las empresas crean su propio SKU, es decir, una unidad única de inventario. El SKU no es un estándar universal, sino un código interno definido por cada organización según sus reglas operativas. Su función principal es permitir la identificación precisa de cada artículo dentro de la empresa.

En la práctica, el SKU convive con muchos otros sistemas de codificación. En retail, industria, distribución y ecommerce circulan siglas como GS1, GTIN, ISBN, ISSN, EAN, PLU o UPC, además de sus variantes. Esto significa que una empresa no trabaja con un único código, sino con un ecosistema de identificadores que responden a distintas finalidades.

Un comercio minorista, por ejemplo, puede necesitar su propio SKU para operar internamente, pero al mismo tiempo debe registrar el EAN o GTIN de uso generalizado y también el código interno asignado por el fabricante. Un mismo producto puede contener varios niveles de identificación, como una estructura de muñecas rusas: cada código cumple una función distinta dentro de la cadena comercial y tecnológica.

Además, cuando una empresa vende al por menor y al por mayor, debe diferenciar el producto unitario de su presentación logística. El artículo individual requiere un SKU, pero también la caja, el bulto o la unidad de despacho necesitan su propio identificador para la gestión de grandes volúmenes.

Cómo diseñar un SKU sin comprometer el futuro

La libertad del SKU es una ventaja, pero también puede convertirse en un problema si el sistema se diseña mal desde el inicio. Al no depender de una norma universal, cada empresa define su estructura. Esa flexibilidad exige previsión. Muchos errores aparecen años después, cuando el crecimiento del catálogo supera las decisiones originales.

Un caso típico es crear códigos numéricos demasiado cortos. Si una empresa utiliza solo cuatro dígitos, tarde o temprano se quedará sin espacio al superar el producto número 9.999. Otro error frecuente es no completar con ceros a la izquierda, lo que complica búsquedas, ordenamientos y patrones numéricos. Por eso, cuando se opta por un sistema numérico, conviene usar ceros iniciales y prever una longitud suficiente para acompañar el crecimiento durante varios años.

También puede ser conveniente usar códigos alfanuméricos que incorporen información útil para la identificación rápida del producto. Un SKU como COC-VEN-BL-CRI-001 puede resultar más interpretable en almacén y en sistemas que un número sin contexto. En estos casos, lo importante es definir de antemano una nomenclatura consistente, con segmentos claros y una longitud pensada para todas las combinaciones posibles.

La recomendación general es mantener el SKU lo más simple posible. Si es alfanumérico, debería comenzar con el dato más relevante para localizar e identificar el producto. También es importante evitar ambigüedades visuales, como la confusión entre “0” y “O” o entre “1” e “I”. Un buen código no solo identifica: también reduce errores humanos en lectura, carga y operación.

Por último, el SKU debe poder ser soportado por los sistemas de gestión de la empresa, como ERP, POS o WMS. Además, su generación idealmente debería estar automatizada y contar con controles que eviten repeticiones. Un identificador único pierde valor en cuanto deja de ser realmente único.

Qué diferencias existen entre los principales códigos universales y sectoriales

Además de los códigos internos, existen estándares internacionales y sectoriales que permiten identificar productos de manera inequívoca. Cada uno responde a contextos, industrias o geografías específicas. Comprender sus diferencias es clave para modelar correctamente la información de producto.

  • El ISBN se utiliza en la industria editorial para identificar libros. Su estructura permite reconocer elementos como país, idioma, editorial, publicación y código de control. En el caso de las publicaciones periódicas, el estándar equivalente es el ISSN.
  • El UPC es un estándar ampliamente usado en Estados Unidos, Canadá y otros mercados para identificar productos, generalmente mediante código de barras. Su versión más difundida es UPC-A de 12 dígitos, aunque también existe UPC-E como variante reducida.
  • El EAN surgió en Europa como una solución equivalente para la codificación única de artículos. Luego, con la evolución institucional del sistema, convivió con otras estructuras dentro de un marco más amplio.
  • El GTIN es hoy una de las referencias más importantes, con variantes como GTIN-8, GTIN-12, GTIN-13 y GTIN-14. Según el texto original, en 2005 se integraron la asociación EAN y la UCC para dar lugar a la actual GS1, entidad con alcance internacional. Desde entonces, viejos sistemas y nuevas denominaciones han coexistido manteniendo sus estructuras base, con el horizonte de una mayor unificación global.
  • El PLU se utiliza en algunas regiones para identificar frutas y verduras. Su codificación puede aportar información sobre el tipo de producción o el origen del alimento.

  • El DUN 14, también asociado a GTIN-14, identifica unidades de despacho como cajas, embalajes y otras presentaciones logísticas. No suele intervenir en el punto de venta, sino en procesos de almacenamiento, transporte y distribución.
  • CNF. En España se utiliza el Código Nacional de Farmacia para identificar medicamentos que hayan pasado por las pruebas correspondientes que permitan su comercialización en farmacias.
  • ETIM. Se utiliza en el sector de los materiales de instalación para poder comunicar datos técnicos de producto de una forma fiable. ETIM, el Modelo Europeo de Información Técnica de Productos según sus siglas en inglés, propone una clasificación técnica de productos estandarizada.
  • SITC. La clasificación estándar de comercio internacional , abreviada como SITC, es una clasificación de productos de las Naciones Unidas (ONU) que se utiliza para las estadísticas de comercio exterior ( valores de exportación e importación y volúmenes de bienes), lo que permite comparaciones internacionales de productos básicos y productos manufacturados.

Podemos seguir citando decenas de estándares mundiales, regionales o por industria que agrupan las iniciativas para lograr una estandarización en el modo de identificar a un producto.

En nuestro caso el interés pasa por considerar estos estándares en el modelado de datos para los sistemas de Product Information Management (PIM) y podemos incluir los atributos necesarios para incluir la información necesaria que cada sistema requiere. El PIM debe entregar al ecommerce el SKU que identifica al producto, además del código externo (EAN, UPC, GTIN) que corresponda pero también deberá proveer a los sistemas WMS (Sistemas de Gestión de Depósitos) los códigos que identifican bultos, cajas y embalajes de todo tipo con las dimensiones y pesos que sean necesarios.

Por qué el modelado de datos debe contemplar todos estos códigos

La coexistencia de tantos estándares no es un dato anecdótico: tiene consecuencias directas en el diseño de sistemas. En un entorno PIM, no alcanza con guardar un solo código por producto. El modelo de datos debe permitir registrar el SKU interno, los códigos externos que correspondan y también los identificadores logísticos vinculados a cajas, bultos y embalajes.

Esto es especialmente importante porque un PIM no opera de manera aislada. Debe entregar al ecommerce el SKU que identifica el producto comercializable, junto con códigos externos como EAN, UPC o GTIN cuando sean necesarios. A la vez, debe proporcionar a los sistemas WMS la información que identifica unidades logísticas y sus dimensiones o pesos. Una codificación bien pensada no solo ordena el catálogo: conecta correctamente las distintas capas del negocio.

Una conclusión práctica para empresas que gestionan productos

La gestión de códigos de producto no debería tratarse como una tarea meramente administrativa. Es una decisión estructural que afecta inventario, logística, integración de sistemas, operación comercial y calidad del dato. El SKU interno da orden y control, pero debe convivir con una red de estándares universales y sectoriales que responden a necesidades externas.

En ese contexto, el desafío no consiste en elegir un único sistema, sino en diseñar una arquitectura de identificación que sea clara, escalable y compatible con todos los canales donde circula la información del producto. Cuando ese diseño falla, aparecen errores operativos, duplicaciones, confusión y límites de crecimiento. Cuando está bien resuelto, el producto deja de ser un dato ambiguo y se convierte en una entidad inequívoca dentro de toda la organización.

Fundador y CEO de CRITERIA Smart Cataloging. Lleva más de una década implementando soluciones PIM en México, Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, España y EE.UU., con plataformas como Akeneo, Sales Layer, Bluestone, Stibo, Salsify y Plytix. Es autor del newsletter Datos que Venden, referencia en gestión de información de producto para el mercado hispanohablante.